Biografía de Manuel Velázquez Cabrera

En 1863 nació Manuel Velázquez Cabrera en el majorero pueblo de Tiscamanita, dentro de una familia adinerada que había logrado su fortuna mediante el comercio, el negocio de la cochinilla y la compra de propiedades en la isla. No obstante, su infancia y su adolescencia no fueron demasiado cómodas. Con tan solo cuatro años, Velázquez Cabrera quedó huérfano de madre, y a los doce años, el joven se vio obligado a emigrar a Uruguay, donde tiempo antes había huido su padre para evitar los conflictos que mantenía con los coroneles de la Oliva; pero, al llegar a Montevideo, se enteró de la muerte de su progenitor y tuvo que regresar a Fuerteventura. Nuevamente en su isla natal, debió compaginar sus estudios en la escuela con el trabajo en el campo dado que las deudas de su padre aún asfixiaban a la familia. 

                                         

Las ganas por aprender, unido al espíritu curioso y emprendedor, hicieron que a sus 18 años ingresara en el Seminario de Las Palmas y cursara el Bachillerato en el Instituto de La Laguna. En 1888, se traslada a Madrid, donde se licenció en Derecho por la Universidad Central y se inició en la práctica periodística, desde cuyos artículos manifestaba su opinión sobre la política de la época. 

Tras terminar su formación, el ya abogado majorero se instaló en el barrio de Vegueta (Las Palmas). Al tiempo que ejercía su profesión, comenzó a dar sus primeros pasos en la política de la mano de su hermano, Miguel Velázquez: primero, en 1892, con un frustrado intento por conseguir entrar en la Diputación provincial, y luego, en 1896, alcanzando esta vez sí su acta como diputado. A lo largo de los cuatro años que permaneció en la institución, Velázquez Cabrera procuró la modernización de su isla, pero además observó de cerca los obstáculos que para el desarrollo de las llamadas islas menores (Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro) causaban los intereses personales, la corrupción y la inestabilidad política provocada por el Pleito Insular entre grancanarios y tinerfeños para la división o el mantenimiento de la provincia única de Canarias. Concluyó que el mejor estado de todas las islas pasaba por otorgarles mayor autonomía a cada una de ellas. 

Entre 1910 y 1912, decide llevar a cabo el Plebiscito de las Islas Menores para solicitar al Gobierno de España la representación en el Parlamento de todas las islas, que en cada una se creara un cabildo y que estos contaran con las competencias necesarias para asegurar su autogobierno. Para lograrlo, viajó a la Península y obtuvo la colaboración de políticos catalanes y madrileños, plasmándose íntegramente su Plebiscito en la «Ley de Cabildos» de 1912. Aunque alcanzó ese importante éxito, Velázquez Cabrera perdió sus apoyos y su candidatura a Cortes ese mismo año. 

En 1916 falleció, dejando un importante legado histórico, solo igualable al olvido y desconocimiento que tenemos sus conciudadanos sobre su vida, sus reflexiones y su contribución a la recuperación de nuestra singularidad político-administrativa con los cabildos insulares.