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Un profesor de la ULPGC explica en The Conversation los patrones que nos llevan a identificar el arte abstracto hecho por humanos
Juan Olvido Perea García define la “intención” en el arte como un rasgo distinguible
La plataforma de divulgación The Conversation publica “No, un mono no podría haber pintado ese cuadro: lo que revela el arte abstracto sobre la mente humana”, un artículo firmado por el profesor del Departamento de Filología Moderna, Traducción e Interpretación, Juan Olvido Perea García, y la investigadora de Arqueología y Psicología Evolutiva de la Universidad de Bergen, Larissa M. Straffon, sobre los estudios que han medido de qué forma los seres humanos captan la “intención” en una obra de arte y cómo esto distingue las obras hechas por otros humanos de las obras hechas por chimpancés.
Los autores señalan que “cuando observamos con atención, somos capaces de distinguir si una obra abstracta fue creada por un ser humano o por un animal, incluso sin saber explicar cómo lo hacemos”, lo cual lleva a preguntarnos “¿qué señales visuales nos permiten detectar intención en un conjunto de trazos, manchas o líneas? (…) ¿hay algo en la manera humana de dejar marcas que nos resulte reconocible incluso cuando el autor no es un artista profesional?”
Un estudio reciente en el que participaron los autores del artículo aportó algunas respuestas. Se mostraron a diferentes voluntarios “diez pinturas abstractas creadas por personas sin entrenamiento formal en artes plásticas y diez elaboradas por chimpancés”, en dos versiones, una original y otra modificada para igualar color y textura. En ambos casos “los participantes acertaron por encima del azar: incluso tras manipular las imágenes, seguían distinguiendo autorías humanas de autorías animales”.
Para averiguar qué era lo que llevaba a los voluntarios a diferenciar las obras, se realizó otro experimento, en el que los participantes evaluaban las mismas obras atendiendo a criterios de “intencionalidad, equilibrio, complejidad y organización”. Las obras humanas alcanzaron más puntuación en todo salvo en complejidad, es decir, “no eran necesariamente más recargadas, pero sí parecían más equilibradas y organizadas, y transmitían una mayor sensación de propósito”.
Los autores hallaron entonces que “cuando una composición reparte sus elementos de forma coherente y presenta un cierto orden interno, tendemos a interpretarla como producto deliberado de una mente humana” porque, como especie, estamos naturalmente preparados para detectar patrones y “variaciones sutiles en distribución y organización”, lo que nos lleva a buscar señales de intención en todo lo que nos rodea. Como rasgo evolutivo, es una ventaja: “identificar rastros, señales o símbolos creados por nuestros semejantes habría facilitado la cooperación y la comunicación a través del espacio y el tiempo”.
El trabajo también analizó la relación entre intencionalidad y preferencia, ya que “las obras que parecían más deliberadas también tendían a gustar más, lo que sugiere que quizá estemos predispuestos a prestar atención y a valorar positivamente los patrones que creemos generados por otros humanos. Los resultados vienen, en definitiva, a desmontar ideas preconcebidas sobre el arte abstracto, que no es “un conjunto de manchas aleatorias, ni mucho menos algo indistinguible de los trazos de un animal. Aunque a primera vista pueda parecer caótico, contiene rasgos de equilibrio, estructura y organización que nuestro cerebro interpreta como señales de una mente detrás del gesto”.
The Conversation España es el principal canal de divulgación del conocimiento que emana de las universidades. La ULPGC se adhirió en febrero de 2020 a esta plataforma, tal y como se ha auspiciado desde la CRUE-Universidades españolas. Los investigadores e investigadoras de la ULPGC han publicado más de 260 artículos en este canal. The Conversation cuenta con ediciones en Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Francia, Indonesia y África, además de la edición en español.